En el siglo XIX, la
Argentina fue uno de los países donde más fuerte se sintió la
expansión del Imperio Británico en el hemisferio sur.
La llegada de los capitales ingleses para la construcción de los
ferrocarriles no sólo transformó la economía, la producción y
las comunicaciones, también dejó una huella profunda en las
costumbres, los deportes y la cultura social del país.

El fútbol va
creciendo y ya se avizora la profesionalización
Los trenes no sólo trajeron rieles, durmientes y locomotoras, en
sus vagones también viajaron el fútbol, el golf, el rugby, el
polo, el tenis, el cricket y el hockey.
A la sombra de las estaciones, los ingleses levantaron clubes
que, más de un siglo después, siguen siendo el corazón de la
vida deportiva argentina.
Sin duda los primeros clubes fundados fueron el Lomas Athletic
Club y Hurlingham que quizás fueron el origen de todo.
El Lomas Fundado el 15 de marzo de 1891 por antiguos alumnos de
la Lomas Academy, el Lomas Athletic Club (LAC) se considera el
primer club polideportivo de la Argentina y, según la mayoría de
los registros, el primer campo de golf del país.
Seis meses antes de la fundación del Hurlingham Club, los socios
del Lomas ya golpeaban pelotas en un campo trazado junto a las
vías del ferrocarril del Sur, en Lomas de Zamora.
De hecho, las primeras fotografías de la institución —entre 1891
y 1898— muestran a los equipos de rugby, cricket y golf jugando
literalmente al borde de las vías.
Los británicos que trabajaban en los ferrocarriles, en los
bancos o en las casas de comercio de Buenos Aires, residían en
esa zona sur conectada por tren, y fundaron allí un club social
que muy pronto se convirtió en un emblema deportivo.

El equipo campeon de futbol
amateur
Lomas fue pionero en casi todos los deportes modernos de la
Argentina:
• Fue el primer campeón de fútbol argentino (torneo 1893),
• Uno de los fundadores de la Asociación Argentina de Rugby,
• Fundador de la Asociación Argentina de Golf (AAG) en 1926,
• Fundador de la Asociación Argentina de Tenis,
• Cuna de grandes jugadoras de hockey sobre césped, incluidas
varias integrantes de Las Leonas.
El campo de golf original, trazado en terrenos contiguos a las
vías, fue trasladado décadas después hacia la zona de Ezeiza, en
Unión Ferroviaria, debido al crecimiento urbano.
Sin embargo, conserva su espíritu fundacional es reconocido como
el campo más antiguo en actividad de América del Sur, con más de
130 años de historia ininterrumpida.

Los ingleses, el ferrocarril y el nacimiento de los clubes, todo
comienza cuando los británicos que se establecieron en la
Argentina desde mediados del siglo XIX no sólo construyeron vías
férreas; también sembraron costumbres.
A cada estación ferroviaria importante solía corresponderle un
club inglés donde se jugaban los deportes que recordaban a su
tierra.
El Hurlingham Club, fundado en 1888 y oficialmente abierto al
golf en 1892, nació también junto a una estación de tren de lo
que hoy es la línea San Martín.

El Club House del Hurilingham CLUB
Lo mismo ocurrió con el Mar del
Plata Golf Club, impulsado por gerentes del Southern Railway en
1890.
El sitio oficial de la Asociación Argentina de Golf lo resume
con claridad:
“Ingenieros y trabajadores escoceses e ingleses, encargados de
construir el sistema ferroviario argentino, establecían campos
de golf en cada estación, introduciendo así el deporte en
nuestro país.”

Club House de Mar del Plata Golf Club
(Traducción del original en inglés, AAG History).
El ferrocarril, entonces, no sólo movía mercancías: movía
personas, ideas y estilos de vida. En torno a las estaciones
florecieron barrios, quintas, clubes y, con ellos, los primeros
greens del Cono Sur.
Robin Stewart y la visión de futuro. En 1939, quien era
presidente del Lomas Athletic Club y, al mismo tiempo,
presidente de los Ferrocarriles Británicos en la Argentina Robin
Stewart, advirtió con lucidez lo que el futuro traería. Dijo
ante sus socios:
“Cuando se vendan los ferrocarriles, los clubes de golf van a
perder sus campos. Debemos comprar nuestras tierras, "Si el Lomas no las compra, las compro yo.”
Esa frase, que los socios mayores del club recuerdan como una
tradición oral transmitida de generación en generación, resultó
profética.

Años después, el gobierno de Juan Domingo Perón concretó la
nacionalización de los ferrocarriles, un proceso iniciado en
1946 y formalizado en 1948, cuando la Argentina pagó a las
compañías británicas 6.000 millones de pesos por la
transferencia de las líneas al Estado, el ministro de Economía
de entonces, Miguel Miranda, fue el encargado de la operación.
Los ferrocarriles se pagaron con la venta de activos
ferroviarios, que incluía terrenos adyacentes a las vías, esto
afectó directamente a muchos clubes.
Algunos perdieron sus canchas; otros debieron comprar a las
apuradas las tierras que ocupaban desde hacía décadas. Robin
Stewart había tenido razón: el golf argentino —nacido al amparo
de los ferrocarriles ingleses— quedó súbitamente sin el sostén
de su matriz original.
El mapa del golf y la herencia británica
Si hoy uno observa el mapa de los clubes más antiguos de la
Argentina, encuentra un patrón inequívoco: casi todos se ubican
sobre antiguos ramales ferroviarios o en cercanías de estaciones
que, a fines del XIX, eran puntos de reunión de la colonia
británica.
• Lomas Athletic Club, sobre la línea del Sur.
• Hurlingham Club, junto al ferrocarril del Pacífico (hoy San
Martín).
• Mar del Plata Golf Club, impulsado por empleados del Southern
Railway.
• Golf Club Argentino, nacido en terrenos de la línea del Oeste
y más tarde trasladado a Del Viso.
El ferrocarril fue el hilo conductor del golf argentino: conectó
clubes, acercó jugadores y permitió que un deporte escocés
echara raíces en el Río de la Plata.
El caso uruguayo: frigoríficos y fairways
La influencia británica no se detuvo en la Argentina. En
Uruguay, donde el ferrocarril tuvo menor peso, el rol económico
británico se reflejó en los frigoríficos.
En Montevideo, el Club
de Golf del Cerro surgió junto al enorme frigorífico inglés que
aún se alza a pocos metros del campo.

Club House del Club de
Golf del Cerro
Allí también, los empleados y gerentes británicos combinaban el
trabajo industrial con sus deportes predilectos.
En ambos países, la lógica fue la misma: capital británico,
estructura económica y, junto a ellas, la semilla de un estilo
de vida que incluía el deporte como extensión natural del ocio y
la comunidad.
Un legado que perdura
Los clubes fundados por la colonia británica en el siglo XIX
todavía marcan la identidad del deporte argentino. Sus nombres,
su arquitectura, su herencia social, sus tradiciones y hasta la
manera de entender la competencia llevan el sello de una cultura
que echó raíces más profundas de lo que imaginaba.
Como señala la USGA:
“Buena parte de la vida social en la Argentina transcurre en los
clubes. La fundación de los clubes de golf siguió la auténtica
costumbre británica: un campo de golf, junto a una estación de
tren.”
(Traducción del original de la USGA, 2015).
El tren fue mucho más que un medio de transporte. Fue el
vehículo que trajo el golf, el fútbol, el rugby y tantos otros
deportes que definieron el siglo XX argentino.
Epílogo: cuando el tren se detiene
“Cuando el tren se detuvo junto a la estación, los hombres
bajaban con sus bolsas de palos, sus zapatos de cuero y
caminaban hasta el green. Los ferrocarriles ingleses trajeron
más que mercancías: trajeron un estilo, un club, una cancha.
Pero hoy ese vínculo ya no garantiza continuidad: los terrenos
cambian de dueño, los costos crecen, las estaciones pierden
relevancia, y los clubes que nacieron al lado de la vía afrontan
un nuevo desafío: conservar su cancha, su historia y su pasión.”
Ese desafío —el de preservar el espíritu fundacional del golf
argentino— sigue vigente, y quizá el mejor ejemplo de esa
continuidad viva sea el mismo Lomas Athletic Club, donde hace
más de 130 años un grupo de británicos, obreros y ferroviarios,
trazaron las primeras líneas de un deporte que hoy es parte
esencial de nuestra identidad.
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